Es la plenitud de la persona en la encontramos la felicidad.
Una felicidad que no es constante, ni continúa.
Tratando de encontrarla día con día, expresando sentimientos de esfuerzo, de esperanza pero más que nada de sufrimiento.
Un sufrimiento vivo, palpable, capaz de dar lo mas mínimo por la más grande y lo más grande por lo más insignificante.
Esperando la hora de la partida y la llegada.
Un sufrimiento palpable.
Tratando de vivir, sonrojados por el ardiente sol de la batalla, donde muchos caen y muchos tropezamos.
Esperando una redención en el sol que sonrojaba en la batalla.
Ama, te quiero.

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